La temporada ciclónica en el Atlántico 2026 comenzó oficialmente el primero de junio, y con ella se inicia el seguimiento detallado de los sistemas tropicales que pueden impactar a la región.
Sabemos que esta temporada de huracanes en el Atlántico de 2026 llega con un condicionante que ya está generando ríos de tinta en los círculos meteorológicos: la posibilidad de que se desarrolle un episodio de ¨El Niño¨ de intensidad fuerte o muy fuerte durante los meses de siguientes.
El Niño, como sabemos, suele ser un freno para los huracanes atlánticos. El aumento de la cizalladura vertical del viento sobre la cuenca dificulta la organización de las tormentas, y la estabilización de la atmósfera reduce la convección profunda. Pero no todos los Niños son iguales, y la temperatura superficial del mar en el Atlántico puede jugar un papel determinante para contrarrestar o potenciar ese efecto. Por eso, la pregunta que nos hacemos es: ¿cómo se comportará la temporada si el Niño se consolida con fuerza?
Ya estamos en la segunda mitad del mes y en este contexto, B1TMET ha desarrollado y puesto en marcha su propio pronóstico estacional, el cual integra variables atmosféricas y oceánicas para estimar la actividad ciclónica de este año en regiones clave como el golfo de México, el Caribe occidental, central y oriental, y la zona de desarrollo principal (MDR por sus siglas en inglés).
En este primer informe presentamos los resultados iniciales del pronóstico, con especial énfasis en la MDR, donde históricamente se gestan los ciclones de mayor impacto, y en los totales de la cuenca, que permiten dimensionar la temporada en su conjunto. Estos son los resultados.
Totales globales:
Para el dominio completo del Atlántico se obtienen las siguientes cifras:
8 sistemas totales nombrados (tormentas + huracanes), por debajo del promedio histórico
4 huracanes, por debajo de la media
ACE (Accumulated Cyclone Energy) de 132.4 (normal, en línea con el promedio)
A simple vista, los resultados obtenidos apuntan a una temporada que, en general, podría catalogarse como por debajo de la norma en lo que a sistemas totales se refiere. Pero como suele ocurrir en meteorología, la media esconde realidades muy distintas dependiendo de dónde miremos.
Pronóstico de temporada ciclónica. Total de organismos por regiones.
Distribución regional:
El pronóstico por regiones revela una actividad muy desequilibrada. En cuanto a la zona de desarrollo principal, estimamos unos 6 sistemas en esta región, de los cuales, 4 pudieran llegar a huracanes en dicha área. lo que indica que los sistemas tendrán mucho océano por delante y potencial para convertirse en huracanes de larga duración. Mientras, en el Caribe oriental se pueden esperar 4 sistemas, de los cuales 3 de ellos llegar a huracán. En el resto del mar Caribe y el área del golfo de México, además de Bahamas y Florida, se espera muy poca actividad, por debajo de la media en prácticamente todas las variables, lo que indica en el pronóstico que serán las regiones más tranquilas.
| Región | Sistemas nombrados | Huracanes | ACE |
| MDR | 6 | 4 | 56.9 |
| Caribe oriental | 4 | 3 | 52.0 |
| Caribe central | 0 | 0 | 0.1 |
| Caribe occidental | 0 | 0 | 0.0 |
| México-Yucatán-CA | 1 | 0 | 3.2 |
| Golfo de México | 1 | 0 | 2.3 |
| Bahamas-Florida | 2 | 1 | 28.8 |
| Total | 8 | 4 | 132.4 |
Pronóstico inicial de la temporada ciclónica en la cuenca del Atlántico de 2026 elaborado por B1TMET.
Es válido aclarar que las escalas de predicción regional y total no son directamente compatibles, ya que utilizan conjuntos de variables y procedimientos estadísticos distintos. Un mismo ciclón puede transitar por varias regiones a lo largo de su vida, y el modelo contabiliza su presencia en cada una de ellas según la trayectoria más probable. El total, en cambio, abarca toda la cuenca y asigna cada sistema una sola vez.
Buscando análogos históricos
Históricamente, los años donde está presente un fenómono de El Niño fuerte, han tendido a ser temporadas por debajo de la norma en el Atlántico. Y para comprobarlo, solo hay que mirar atrás.
La temporada de 1997 es el referente clásico cuando se habla de un Niño muy fuerte. El evento de aquel año fue, en su momento, el más intenso jamás registrado, con anomalías de temperatura en el Pacífico central que superaron los +3°C. El resultado en el Atlántico fue una temporada muy poco activa: solo 8 tormentas, 3 huracanes y 1 solo huracán de gran intensidad (Erika, de categoría 3). La cizalladura se cebó con la cuenca y apenas hubo sistemas organizados. Es el ejemplo más extremo de lo que un “Super Niño” puede hacer.
La temporada de 2015 estuvo marcada también por un fenómeno de El Niño intenso, aunque no llegó a los niveles de 1997. El Atlántico produjo 11 tormentas, 4 huracanes y 2 de ellos importantes. Un aspecto interesante de 2015 es que, a pesar del Niño, hubo algunos sistemas que lograron intensificarse significativamente, lo que demuestra que, incluso en años de fuerte cizalladura vertical del viento, condiciones puntuales favorables pueden permitir excepciones.
Las temporadas del 2002 y 2009 representan un escalón intermedio. 2002 tuvo 12 tormentas y 4 huracanes, mientras que 2009 arrojó 9 tormentas y 3 huracanes. En ambos casos, el Niño fue de intensidad moderada o de moderada a fuerte.
El pronóstico para 2026 nos dibuja un escenario que, en números globales, se parece a temporadas como 1997 o 2009: pocas tormentas y pocos huracanes. Pero las similitudes se detienen ahí.
El océano Atlántico tropical en 2026 está presentando, en estas primeras mediciones de junio, anomalías de temperatura superficial que superan en algunos sectores los +0.5°C a +1.0°C con respecto al promedio. Actualmente, no estamos ante aguas tan extremadamente cálidas como las de 2023, pero sí lo suficientemente elevadas como para proporcionar combustible adicional a los sistemas que logren formarse, especialmente en la MDR y el Caribe oriental.
El factor de la rápida intensificación: el verdadero riesgo
Cuando un huracán encuentra un entorno con cizalladura moderada pero océano muy cálido, el núcleo caliente se profundiza rápidamente y el sistema puede explotar en intensidad. Para la población del Caribe central y las Antillas Menores, este pronóstico no es motivo de relajación. La reducción en el número de sistemas no implica una reducción en el riesgo. Basta con que uno solo de esos huracanes, intensificado rápidamente, encuentre el camino hacia tierra para que el balance de la temporada pase de “moderado” a “catastrófico”. La historia nos ha enseñado que temporadas aparentemente tranquilas pueden albergar tormentas devastadoras.
Seguiremos actualizando este pronóstico a medida que avance la temporada y los modelos nos den más pistas. Por ahora, la recomendación es clara: mantener la preparación y prestar atención a los sistemas que logren organizarse en el Atlántico tropical.